Wednesday 08 Apr
Updated Wednesday 08 Apr 23:56

Las burbujas del West Ham

Por Emilio Lezama (@emiliolezama)

El problema de las burbujas es que se revientan. La maravilla es que, mientras tanto, las burbujas siempre vuelan. Al entrar al terreno de juego, los jugadores del West Ham son recibidos con pompas de jabón y un estadio entero cantando una canción sobre burbujas y sueños rotos. La escena es efectivamente onírica. En lugar de gritos de guerra, una suave capa de fantasía. Al final de cuentas, el futbol es ensueño. La posibilidad efímera de escapar la dura realidad de nuestras vidas cotidianas.

Allá afuera, la cruda realidad, dentro del estadio, una fantasía colectiva. Muchos equipos han elegido cantos de guerra más audaces, gritos de supuesta hombría o signos de batalla; aquí no. En el este de Londres la clase trabajadora da la batalla todos los días de su vida en su trabajo, al estadio no se viene a batallar sino a soñar. Soñar con un equipo que entiende, como su canción, que los sueños son breves y se disipan; que la fortuna se escapa; y que justamente por ello, porque los sueños, como las burbujas “se deshacen y mueren”, es que se tiene que seguir soplando burbujas; para que la ilusión no se acabe, que siga habiendo sueños y que ante el tedio de la realidad, la fantasía prevalezca. Aunque sea aquí. Los fines de semana. 

"I’m forever blowing bubbles” fue escrita en 1918 en Estados Unidos, durante el crepúsculo de la Primera Guerra Mundial. Quizás de ahí su tono melancólico, su insistencia en una fantasía que no acaba por cumplirse. Su afán de subrayar que los sueños siempre perecen. Ese mismo año, el West Ham cumplía su propio sueño: salir del fútbol independiente y ser acreditado para formar parte de la Liga de Futbol Inglesa. En 1919 el West Ham jugó su primer partido ahí, fue un empate, le siguió una dolorosa derrota y finalmente un triunfo ante el Lincoln. Ese patrón de resultados ha acompañado al equipo en su larga historia. En ese entonces aún no habían burbujas en el este de Londres. Se dice que fue el técnico Charlie Paynter el que introdujo la canción al West Ham cuando se la cantaba a un niño local a quien apodaban “Burbuja”. Imposible e innecesario saber si es cierto o no. El futbol vive del mito tanto como de la realidad. En este caso, quizás sea un poco de ambos.

El primer registro oficial de la canción el estadio del West Ham es de la década de los cuarenta; para entonces, la canción ya había sido un éxito interpretado por grupos de jazz y waltz en los Estados Unidos, había acompañado a los mafiosos en la época de la prohibición y se instauraba en musicales de Broadway. Pronto llegaría a Hollywood cuando la legendaria Doris Day la interpretara en “On Moonlight Bay”. ¿Quién iba a imaginar que la canción iba a echar tanta raíz del otro lado del charco?

Hoy en día pocos asocian la balada a los Estados Unidos, más bien, cualquier aficionado al futbol la reconoce como la canción de cuna de los Hammers; cuando los aficionados la cantan, el estadio del West Ham entra en el suave arrullo de un mundo donde todo es posible, pero el fracaso es certero. La canción es indisociable al West Ham. Encuestas han puesto a la canción entre los dos himnos de futbol más conocidos en el Reino Unido, y el sitio Bleacher Report la nombró el mejor himno del futbol. Aunque la canción es inevitablemente asociada al West Ham, según el libro “Bring me the head of Trevor Brooking”, los jugadores del Blackburn la cantaron a todo volumen en su vestidor después de ganar la Premier League en 1995 gracias, en parte, a un empate del West Ham y el Manchester United. En el 2012, la canción fue el único himno de futbol que fue interpretado en la ceremonia de apertura de las Olimpiadas de Londres.

El mundo del futbol es muy vasto y diverso, pero hay equipos y rituales que vuelven al deporte único. Cuando veas burbujas y balones de futbol, sabrás que has llegado a uno de los sitios sagrados del deporte. El estadio del West Ham es una fábrica de sueños, aquí solo se aceptan a los que están dispuestos soplar burbujas.

Emilio Lezama es escritor y aficionado al West Ham desde los 5 años. Ha publicado en diversos medios internacionales de prestigio. Su primera novela, El Mejor Mundo Posible, fue publicada en 2019.

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